El Carnaval en el Bosque

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Aquellos animales nunca supieron lo que significaba disfrazarse, sólo conocían los disfraces del camaleón y las artimañas de la flor carnívora.

Allí estaban los hombres divirtiéndose y muchos se disfrazaban de ellos, a la vaca no le gustaba nadita eso, nadie mostraba su hermosura en grasas, a los perros tampoco les gustaba que fueran a dos patas, habrase visto.

-Pero el carnaval es así, dijo el mono

-¿Por qué no nos disfrazamos nosotros de ellos? Dijo el perro

-No, ni en broma que son feos. Se enfadó la vaca

-Venga, de la lo mismo, nos vamos a reír un poco. Dijo el mono muy contento.

Todos pusieron el mayor empeño en ello. La vaca se compró una faja, el camaleón un traje, el perro corbata, todos estaban estupendos disfrazados de humanos pero el que mejor iba vestido, era el mono, tanto que as veces, los pájaros se asustaban, los ciervos escapaban rápidamente y los perros se acercaban a él, pensando que era su amo.

Tendríais que ver el mono que estirado andaba, muy orgulloso de su estupendo disfraz, así que, no lo pensó ni dos veces y decidió bajar la ciudad y participar de la fiesta de los humanos, nadie se daría cuenta, era un disfraz perfecto, no le faltaba detalle.

Era ya muy de noche y allí estaban los hombres pasándolo de maravilla y poco a poco, se fue mezclando entre la multitud, saltando y bailando entre toda la gente que allí estaba reunida.

Todo era alegría y él encantado, lo estaba pasando genial pero cuando mejor estaba se dió cuenta que un niño rubio lo miraba fijamente, como quien quiere saber lo que piensas y se acercó a él, muy despacito sin prisa.

El mono empezó a temblar, seguro que le descubriera aquel niño, seguro que lo echaría de la fiesta por animal, el mono había llegado demasiado lejos, los humanos se creían superiores y él no podría participar de su fiesta. Nunca invitaban a los animales a ninguna. Sí lo sé, era muy injusto el mono se había comportado bien en todo momento, había sido educado y complaciente pero daba lo mismo, los humanos pensaban que los animales no tenían derechos y él no se podía saltar las reglas así.

El mono siempre pensaba que sí  hablaran los animales, todo sería bien distinto, aunque la gata le había dicho que se acordara de su prima mona, a ella le enseñaran la lengua de los signos y nada había cambiado, y por una parte, tenía algo de razón.

El mono sintió miedo, seguro que lo echarían de la fiesta con muy malas formas, no era a primera vez que comprobará la crueldad humana, a su primo lo habían capturado y lo habían encerrado en una cárcel que llamaban “zoo”, a doña elefanta la habían secuestrado y la tenían trabajando todo el día en un lugar llamado “circo”, por no hablar de la paliza que había recibido el perro por coger comida cuando tenía hambre o el sufrimiento de sus amigos los toros en lo que ellos llamaban “fiesta”.

¿Qué podía hacer el mono? lo triste era que ya no podía hacer nada, cada vez se acercaba más, ya estaba su lado.

El mono pensó pedir piedad, gritar ayuda, con suerte algún amigo lo escucharía pero era demasiado tarde, el niño ya estaba frente a él y no le quitaba ojo de encima.

Pero los milagros existen, el niño sonrrió, sí sonrrió y dijo la palabra mágica, amigo, no lo podía creer, ¿amigo???. Qué alegría! el mono dibujo una gran sonrisa que iluminó toda la fiesta de punta a punta, como quien enciende las luces en la noche, una maravilla, de verdad, tendríais que verlo.

-¿Vamos? dijo el niño

-Pues vamos, pensó el mono, pero ¿dónde? no sabía hablar, así que, asintió con la cabeza y fue detrás del niño, no podéis imaginar el festín al que fue invitado, no daba crédito, todos jugando juntos, su sueño hecho realidad, animales y humanos juntos como amigos, formando parte de un momento que pasará la historia.

Después de estar de juerga casi tres horas, llegó el rato crítico, el niño rubio miró fijamente para él y le preguntó la hora al mono.

Entonces el mono se dio la vuelta y muy triste pensó:

-Qué pena no tener reloj!

 

Este cuento es una colaboración de LENDA descubre la versión original en Galego

 

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